dilluns, 19 de desembre de 2011

¿Eres aguafiestas si ayudas al desmontaje de ilusiones?

La “magia” imaginativa en lo formativo

Un grupo de niñas y niños asistieron a un teatrillo de títeres. Era un espectáculo en el que se relataba una historia formativa y muy bien contada. Las narradoras, manipuladoras de títeres y escenógrafas, así como la iluminación, el teatrillo y los personajes eran dignos del mejor amateurismo (las que aman lo que hacen).
Tomamos nota de que en los comentarios posteriores de los asistentes se decía al unísono que “esta vivencia había tenido mucha magia”.

Diversas tradiciones culturales asistieron también durante generaciones, al sostenimiento del juego imaginario de personajes que traían regalos a las niñas y niños en determinadas fechas del año. Cuando esta práctica estaba en auge, cualquier progenitora, familiar, profesora o amiga que adelantara la edad infantil en la que se informaba de la realidad, era acusada de “rompedora de ilusiones”.

Qué decir de la “magia” que generaron cuentos y más cuentos, que fueron y siguen siendo narrados. Cuando alguna cultura tecnócrata ha probado de suprimirlos por imprácticos y causantes de supuestos traumas, se ha encontrado al cabo de veinte años con una generación mutilada en su imaginación, burocratizada y teniendo que importar todo lo nuevo de afuera.

Así que, en lo formativo, viva la magia y la imaginación. Que quede esto claro.


Veamos ahora los recortes en lo formativo

En el capitulito “La Educación” de un sabio libro del que puedo dar referencias a quien me las pida, se lee: “La percepción del paisaje externo y su acción sobre él, compromete al cuerpo y a un modo emotivo de estar en el mundo. Desde luego que también compromete a la misma visión de la realidad, conforme he comentado en su momento. Por ello creo que educar es básicamente habilitar a las nuevas generaciones en el ejercicio de una visión no ingenua de la realidad, de manera que su mirada tenga en cuenta al mundo no como una supuesta realidad objetiva en sí misma, sino como el objeto de transformación al cual aplica el ser humano su acción.”

Del breve desarrollo que se hace de esto, nos permitimos destacar aquí solamente lo referido a la formación emotiva: “En segundo lugar, la educación debería contar con el acicate de la captación y el desenvolvimiento emotivo. Por esto, el ejercicio de la representación por una parte y el de la expresión por otra, así como la pericia en el manejo de la armonía y el ritmo, tendrían que ser considerados a la hora de planificar una formación integral. Pero lo comentado no tiene por objeto la instrumentación de procedimientos con la pretensión de ‘producir’ talentos artísticos, sino con la intención de que los individuos tomen contacto emotivo consigo mismo y con otros, sin los transtornos a que induce una educación de la separatividad y la inhibición.”

Qué duda cabe en que este escritor habla de algo que pudiéramos darnos en el futuro. Porque, de donde venimos, se puede decir que en nuestra formación se nos escamoteó justamente la parte imaginativa, creativa y artística en la educación (entrenamiento en las representaciones y expresiones), manteniendo sin embargo separadamente eso que llamaban “ilusiones”, pero lanzadas y controladas exclusivamente desde afuera. Se nos invitó a dividirnos en estudiantes de ciencias o de letras, en artistas y no artistas, en quienes seguían en el mundo de los “estudios” y quienes se incorporaban al mundo del “trabajo”, y un sinfín de separaciones polarizantes y fragmentadoras más...

Y así llegamos hoy a un escenario social en donde, por ejemplo, unos poquitos individuos son considerados “artistas” y una inmensa mayoría, no.
Valga también esto para ponerlo en contexto de unas formas de presentación a la usanza como el escenario italiano (tarima alzada por encima del “público”, se abre el telón, se encienden los focos...) Al uso está también la convención aceptada de que quien aparezca en escena tiene todo el derecho a soltarnos dos horas de lo que le parezca (habitualmente culto a su personalidad), y con el atributo añadido de considerarlo “su trabajo”. La convención se extiende a que el llamado “público” permanecerá como pasivo receptor, solamente expresando su clamor en los interludios que pudieran presentarse.

Naturalmente, como aquella inmensa mayoría tiene asumido y cree ciegamente en que “ser artista” es un don de la Vida que no le fue concedido, sigue sosteniendo, por inercia y por bloqueo en imaginar cambios, las formas anteriores a pesar de ir cayendo estas en crecientes desencajes (haber dado por sentado algo que era muy nuevo como la profesionalización remunerada / insostenibilidad de formaciones artísticas anteriormente subvencionadas / creciente inviabilidad de inversiones en la construcción y mantenimiento de teatros, auditorios y salas de exposición / ocasionalmente progresiva sustitución de clamores de entusiasmo por decepciones / aparición creciente de un difuso sentimiento contradictorio tanto en los “públicos” como en los “protagonistas” ante las “exhibiciones personalistas”, egolatrías y cultivo o reivindicación de vanidades...)

A todo eso y a “vidas incomprendidas” con mucho sufrimiento de los “pobrecitos artistas”, se está llegando como resultado de aquel desequilibrio formativo social...


Extensión de ilusiones

Que sigamos afirmando la necesidad de estimular la imaginación en la infancia, con cuotas de magia e ilusión, y que reconozcamos que esta necesidad humana se viene recortando en todo lo posible por parte de las clases dominantes que imponen sistemas educativos y demás, no impide observar hasta divertidamente qué está sucediendo en esta transición de cambios tan acelerados que vivimos hoy.

Así como la mayoría de niñas y niños no han estado detrás del teatrillo de títeres, moviendo los personajes y narrando los diálogos, así como las niñas y niños no han sido mas que sujetos pasivos ante los reyes magos y papá Noel, tampoco esos grandes “públicos” han estado nunca subidos a una tarima con un instrumento por tocar ni un texto por decir. Y no sólo no han sido iluminados por los focos cuando las demás atienden expectantes, sino que se le suele tener pavor a esta situación (el famoso “miedo escénico”). He aquí un primer efecto de la separatividad y las inhibiciones traumatizantes. Ver a partir de ahí cómo se genera una mitificación de lo que se cree que debe estar sucediendo arriba del escenario, así como de su “magia” comunicativa proyectada sobre las gradas, no parece difícil incluso desde la intuición. ¿O si?
Si las mujeres, al sentir los efectos de su tradicional y estudiado cuidado cosmético, escucharan a un hombre ir más allá de la literatura ensoñante sobre la “belleza” y el “amor” para calificarlo de “magia”, se partirían de la risa y le considerarían un bobo.
Comparando terrenos en los que se dé la proyección del mismo truco, se ven unos más liberados de la mitificación que otros. En los efectos de la cosmética ya se ve lo anacrónico y delirante de las letras de los antiguos boleros, mientras que en los escenarios todavía no. Y sin embargo es el mismo truco. Separar y espectacularizar vistosamente una de las partes para que la otra, en su carencia de lo separado, se ilusione.

“¿Lo has pasado bien en el concierto, cariño?”, - “Si, muy bien, tenía mucha magia”.
Y sin embargo, a menudo a los sujetos que actuaron les sucedieron cosas como las que siguen. El personaje central casi no durmió la noche anterior por la responsabilidad egocéntrica en la que se veía inmiscuido y decidió tomarse un ansiolítico. Otro actuó sin energía porque llegó cansado de tocar en un hotel por la tarde, comentando que así era su "oficina". Otros tantos componentes del grupo artístico, lo vivieron soportando las condiciones precarias que se dieron durante el evento, las cuales no pudieron subsanar ni cumplir con su deseable preparación previa...
Pero bueno, si el “público” se fue creyendo aún en la “magia” y con sus ilusiones a casita, aceptemos pulpo como animal doméstico... Será que en estos casos aún no tocamos fondo en la crisis.

Lo notable es cómo de tantas personas que no lo han vivido, te llegan entusiastas afirmaciones de lo maravilloso que sucede entre los músicos.
Eso que les representaron y les expresaron no tiene circuito de ida y vuelta. Y así se acepta, se mitifica y se hace fuerza por mantener ese tipo de ilusión.


¿Aguafiestas o avance?

¿Qué hacemos entonces? ¿Comenzamos a denunciar al “artista” como lo estamos haciendo con el político y el jefe? ¿Comenzamos a comparar lo que sucede de desequilibrado en las manifestaciones artísticas, con la reclamada horizontalidad y con el también reclamado turno de palabra? ¿Comenzamos a cuestionar el significado morfológico de las tarimas, los micrófonos y los focos, para proponer en su lugar relaciones a pie plano y de participación rotativa?

Cada cual verá en su sensibilidad y grado de fracaso. No parece que se trate ahora de renegar de actividades que en muchos de sus aspectos gozamos y hasta nos parecen sublimes. No. No parece recomendable una vez más dejarnos llevar por la reactividad.
Podemos simplemente ir anotando e intercambiando las contradicciones que van aflorando, mientras vamos imaginando y a veces realizando nuevos ensayos de cómo podría ser...
Conscientes de nuestra fragmentación social e interna, estudiosos cuestionadores de nuestras propias identificaciones en todos los órdenes, podemos tratar de preservar y desarrollar lo mejor de lo heredado, mientras vamos adaptando nuevas formas y caminos a las necesidades sentidas.

¿Quedo contento cuando desmonto una ilusión por la que en el fondo sufría? Entonces adelante, la desmonto. ¿Quedo contento cuando rescato lo mejor, aún en medio de lo decadente y de lo contradictorio? Entonces adelante, lo rescato.

La relación entre “aguafiestas” y posibles avances parece bastante clara. Muchas te llamarán lo primero cuando te posiciones de según qué manera, aún abogando por la mayor libertad hacia sus posicionamientos, pero está claro que podemos avanzar en la construcción de una educación en la que al ser humano se le forme de acuerdo a una visión no ingenua del mundo, presentando a este como el campo de sus transformaciones, representaciones y expresiones, a la vez que promoviendo decididamente el desarrollo de estas en cada individuo como irrepetible que es.


Xavier Batllés
Barcelona, 18-12-11